Ordenación Diaconal del Hermano Juan Constanzo
“Cómo no emocionarnos ante este infinito amor de Dios que nos ha elegido desde toda la eternidad para confiarnos una misión: un servicio que proclame la Buena Noticia de la Salvación. Cómo no vibrar por todo el bien que podrá realizar Juan como diácono y, Dios mediante, como futuro sacerdote”. Con estas palabras, Monseñor Juan Barros, Obispo Castrense, expresó su gratitud por la Ordenación Diaconal de nuestro Hermano Juan Francisco Constanzo, la mañana del viernes 17 de diciembre.
Efectivamente, fue una ceremonia llena de emoción, en la cual gran parte de nuestra comunidad, así como familiares y amigos, acompañaron al Hno. Juan Constanzo en este momento tan especial. El Templo de San Agustín, adornado por un hermoso Pesebre junto al altar, bullía de gente.
“Llegar aquí es para mí toda una Gracia de Dios”, contó el Hno. Juan. “Llegar a consagrarse al servicio de Dios es una gran emoción y mucho agradecimiento a tantas personas, a todos quienes me han acompañado en este camino. Y mucho agradecimiento a Dios, quien ha ido haciendo un camino en mi. Puedo decir que me siento inmensamente feliz.”
El Hno. Juan contó también que su mayor motivación es poder seguir sirviendo a Dios y a los hermanos, ahora con mayor profundidad: “Lo que hoy cala más hondo en la gente es el testimonio, que vean que te la estás jugando, que eres feliz en esto: eso es testimonio, más que las palabras. Mucho podemos hablar, pero si en la práctica no lo vivimos, la gente se desilusiona, se aleja. Para mí la experiencia de ordenación es poder servir desde mi testimonio, desde mi coherencia. Le pido a Dios que siempre me ayude a vivir este ministerio con mucha humildad y mucha caridad, toda mi vida”.
 En su homilía, Mons. Barros habló con mucha calidez y recordó que la fecundidad del ministerio depende de la estrecha unión con Cristo: “El que permanece en Mí, y yo en él, ése dará mucho fruto”. Invitó al Hno. Juan a hacer vida esta frase del Evangelio, y también hizo un llamado a los presentes a “comprometernos a apoyar a Juan para el santo servicio de su ministerio: no vale la pena seguir a Cristo si no es para alcanzarlo”.
Finalizando la ceremonia, y ya ordenado Diácono de la Iglesia, el Hermano Juan Constanzo dirigió unas palabras –breves, a causa de la emoción- agradeciendo a su familia, a sus amigos, a la Comunidad y a todos los presentes. Luego abrazó a su madre, a quien el P. Provincial entregó de regalo un gran ramo de flores.
“He sido muy bendecido por Dios, me ha regalado mucho y estoy aquí por Él, porque me ha llamado y quiero responder a este llamado.
A mis hermanos de comunidad, muchas gracias por el empeño y el amor que han puesto en esta celebración. También les agradezco por su preocupación constante, por comprenderme y entenderme, por sentirme siempre en familia con ellos”.
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